¿De qué lado se sube a un caballo? – Tu Minuto de Coaching

July 9, 2009

¿De qué lado se sube a un caballo? –me preguntó uno de los domadores.
Yo sentí que esa pregunta era un desafío porque me la hacía en medio de un fogón, rodeado de otros paisanos que parecían querer divertirse con este chico de la ciudad al que le gustaba andar por el campo.

Del lado izquierdo– contesté, dando la respuesta correcta para ellos – y acorde con la tradición. Pasé su examen, pero no pude pasar el mío cuando mi cabeza me preguntó: ¿y por qué se sube del lado izquierdo? Entonces, decidí preguntárselo a un amigo mío, hijo del domador del pueblo.
Es así– me dijo. Se quedó pensativo y agregó: Quizá se deba a que el caballo es más manso de ese lado…
Preguntémosle a tu padre– propuse.

Siempre se hizo así. Los caballos se suben por la izquierda– dijo casi a la defensiva el domador y espetó: ¿Qué quieren inventar? Hace veinte años que amanso caballos y el caballo sigue siendo el mismo. Y de todos modos… ¿qué cambia saber eso? –y prácticamente nos echó diciendo que no tenía tiempo para esa clase de conversaciones.

Tampoco me sentí completo con esa respuesta y otras similares que recibí. A primera vista daba la impresión de que todos sabían del tema, pero en definitiva sólo repetían lo que por años habían escuchado decir a otros. Parecía como si no pudieran decir simplemente no sé. Me llenaban de rápidas respuestas y evasivas, pero ninguno se animaba a hacerse mi incómoda pregunta –quizá por no arriesgarse a caminar en la incertidumbre que puede generar no tener una respuesta inmediata; esa incertidumbre que nos acompaña cuando nos atrevemos a dejar el camino conocido, y que suele preceder los nuevos descubrimientos.

Me negué a matar mi pregunta -y mi curiosidad- con alguna de esas respuestas históricas y seguí investigando.
Algunos años después, una tarde de verano – Don Jorge, mi maestro de doma en ese momento, me explicó que un caballo no se subía del lado izquierdo porque así debía ser, sino que tenía que ver con los usos y costumbres de los militares que colgaban el sable en la cintura -del lado izquierdo del cuerpo- para poder desenvainarlo más fácilmente con la mano derecha. Les resultaba mucho más cómodo montar el caballo por la izquierda ya que esto les permitía revolear la pierna derecha sobre el lomo sin que el sable les molestara.
Por fin comprendí por qué los humanos subíamos de ese bendito lado, pero ahora me faltaba entender por qué los caballos eran reacios a dejarse montar por el costado derecho.
Continué preguntando. Así llegué a saber que los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro del caballo no están conectados entre sí y a esta particularidad se debe que cuando un caballo ha sido entrenado para ser subido por el lado izquierdo, dé patadas, se muestre receloso o no se deje montar por el derecho. Es que lo que el caballo aprende de un lado no lo aprende del otro. Increíble, ¿no?

Estos aprendizajes cambiaron mi manera de mirar los caballos que entrenaba. Ahora veía dos animales en cada caballo. El izquierdo y el derecho. Entonces, si le enseñaba a levantar la mano izquierda durante media hora, luego tenía que dedicar otra media a enseñarle lo mismo del lado derecho.
Comencé a entender que los caballos no tenían un lado izquierdo bueno y otro derecho, oscuro y malvado. Que no eran arbitrariamente mansos y simpáticos con el que se acercara por la izquierda y recelosos o con pésimo carácter por la derecha. Entonces , dejé de pretender que supieran hacer algo de un lado si sólo se los había enseñado del otro y se me ocurrió amansar a los nuevos potrillos de manera que pudieran ser montados por ambos lados.

Básicamente, al comprender mejor su mundo y el por qué de muchísimas de sus reacciones descubrí que podía lograr un animal mucho más dócil y manso. ¡Pensar que durante años yo había tomado la creencia se monta por la izquierda como una verdad irrefutable!
Con el entusiasmo de haber encontrado algo revelador y que funcionaba en la práctica, decidí compartir estos secretos con otros domadores.

Grande fue mi asombro al comprobar que ninguno de ellos era capaz de considerarlos, ni tan sólo, para probar si funcionaban. Daba la sensación de que preferían quedarse en la comodidad de lo que conocían, perdiéndose de descubrir otro caballo y una manera más completa de amansar.

Estas son algunas de las respuestas con las que me encontré:
-¿Qué sabe ese Don Jorge? ¿A mi me va a decir lo que es un caballo? (y menos todavía iba a permitir que un aprendiz como yo le enseñara algo).
-No puede ser –decían otros- ¿De dónde sacaste esas ideas?
Uno remató diciendo: Yo conozco a muchos domadores de caballos y nunca mencionaron algo parecido.

Sin embargo no todos fueron oídos sordos. Solía pasar por el campo vendiendo ollas y otras piezas de cobre, un hombre al que en la zona llamaban el gitano.
A veces, bajaba de su caballo, desplegaba toda la mercadería sobre un pañuelo gigante y se ponía a conversar. Habíamos trabado una cierta amistad y decidí contarle el secreto. Me acuerdo que me escuchó con atención y se fue pensativo. Tiempo después volvió para mostrarme como había convertido aquel secreto en lo que el llamaba su alarma antirrobo. A fin de evitar que le quitaran el caballo cuando lo dejaba atado para entrar a un comercio en el pueblo, lo había re-entrenado acariciándolo y amansándolo para que se dejara motar por el lado derecho, mientras que por el lado izquierdo solía asustarlo y hacerle todo tipo de ruidos molestos con las cacerolas. Así, cuando alguien intentaba llevarse el animal acercándose por el lado supuestamente correcto, el caballo –atemorizado- se defendía pateando y mordiendo.

Tu Minuto de Coaching

Cada vez que quieras descubrir nuevos caminos y lograr resultados extraordinarios en un área de tu vida, te invito a que te detengas un momento y antes de empezar a hacer las cosas de la forma en la que siempre las haz hecho, dedica un minuto a desafiar la manera correcta de hacerlo preguntándote: ¿Quién dijo que tiene que ser o hacerse sólo de esta manera?
Las personas que llegaron antes que nosotros y nosotros mismos hasta el día de hoy, seguramente hemos hecho las cosas lo mejor que pudimos, pero no necesariamente lo mejor posible. De hecho, las generaciones futuras van a disfrutar de los aportes que nosotros seamos capaces de hacer a partir de desafiar y enriquecer las miradas tradicionales que ya no sean funcionales. La insolencia, de la mano del respeto por el otro, es la madre de muchos descubrimientos y nos invita a recorrer nuestro propio sendero de investigación y aprendizaje. El Coaching Ontológico promueve el ejercicio de una sana insolencia hacia las reglas del “sentido común” que viven dentro de nosotros mismos quedado aún cuando puedan haber quedado obsoletas.

Guillermo Echevarría
*Este artículo forma parte mi libro [Cómo Hacer Que Las Cosas Pasen] – Ediciones B
*Tu Minuto de Coaching es una marca registrada.

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